Rezongo
Una queja, un lamento visceral
que brota natural e impertinente,
cuando, al no querer ser incoherente,
uno enseña su lado natural.
Ese gruñido incluso epitelial
que sobrecoge al salir tan ardiente,
no es más que la artimaña recurrente,
de quien se siente quizás poco especial.
Tal vez sea un murmullo que disguste,
la protesta de quien sintió tortura,
o el constante quejido sin cordura;
pero siempre será aunque no nos guste,
un reproche con tintes de censura,
que nos muestra las cosas sin embuste.









Fernando dijo
Buena tarde
27 Marzo 2009 | 07:51 PM